'Big data' para eliminar la pobreza energética
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Iván Cámara

22 Jun ‘Big data’ para eliminar la pobreza energética

22/06/2017

Los datos son el nuevo petróleo. Es probablemente la frase más repetida en el seno de congresos entorno a la analítica de datos y al Internet de las Cosas. Hace unos días, en las oficinas de Microsoft Barcelona, se escuchaba otra que bien podría ser la próxima apuesta: El big data puede salvar vidas. Sea como sea, la idea es que los datos, su análisis y los patrones que se extraen de ello, son la clave de todo lo que viene. De lo que quizás se ha hablado un poco menos, y por lo que Bismart, compañía especializada en apoyar la toma de decisiones transformando datos en conocimiento, organizó una jornada entorno al tema, es de que esta herramienta tecnológica podría suponer la solución a la pobreza energética y al mal gestionado envejecimiento de la sociedad.

Inauguró el evento el propio CEO de Bismart, Albert Isern, quien expuso brevemente la situación: «Hay mucha gente mayor que no sabe que existen las ayudas gubernamentales, no saben cómo, o les da vergüenza solicitarlas. Además, las entidades se encuentran con la dificultad de poder hacer la planificación presupuestaria para el año que viene, porque los presupuestos se hacen de forma subjetiva y manual». Lo resume, para que se entienda, con que hoy, quién más llora, más recibe. «Gracias a las soluciones predictivas podemos ayudar a Ayuntamientos y a Servicios Sociales a predecir necesidades para hacer presupuestos para el año siguiente», plantea Isern. «El big data nos permite pasar de una actividad paliativa a una aproximación preventiva».

«La gobernanza de los datos será decisiva en los próximos años para hacer una gestión eficiente del entorno en que vivimos», complementa el secretario de Telecomunicaciones, Ciberseguridad y Sociedad Digital de la Generalitat de Catalunya, Jordi Puigneró. Pero existen, aún, larga lista de retos: el proceso de captación, el transporte de los datos, el almacenaje y, más importante, si cabe, la ciberseguridad de los mismos. Eso, para Puigneró, plantea un debate ético, otro sobre la soberanía de los datos -«¿En qué momento dejan de ser nuestros?»- y la privacidad. «Establecer estas reglas será algo muy importante que tendremos que hacer las administraciones», añadió el secretario de la Generalitat.

De hecho, cuando fue el turno del Ajuntament de Barcelona, Lluís Torrens, Director de Planificació i Innovació de l’Àrea de Drets Socials, amplió la lista: «No debemos escatimar en recursos», y habrá que «buscar perfiles que no existan en la administración», porque «las personas que tratan los datos y los que los necesitamos, hablamos idiomas distintos». Y, más allá de eso, tener consciencia de la circunstancia en la que se generan los datos, establecer sistemas que permitan identificar los hogares o las relaciones de parentesco y establecer mecanismos claros de cesión y protección. «Todo esto no tiene sentido si los grandes actores no hacen más transparente todo lo que saben de nosotros y para qué lo utilizan», concluyó Torrens.

Que estas cosas estén aún en el aire, no obstante, no ha sido impedimento para que las entidades y organizaciones den vueltas al asunto. Mertixell Benedí, de la misma Generalitat, anunció la intención de licitar la compra de una solución que les de una herramienta de prevención para detectar qué zonas de Cataluña tienen más riesgo de sufrir pobreza energética, así como otra que permita aplazar al máximo el ingreso a residencias para la gente mayor. Francesc Hernández, de la Diputació de Barcelona, dijo que llevan a cabo una iniciativa de personalización del servicio de asistencia a partir de bases de datos y que ya han iniciado un proyecto piloto que pretende mejorar el sistema de atención a través de contadores de agua inteligentes. Mireia Dionisio, del Ajuntament de Mollet del Vallès, que trabajan en el ámbito de la teleasistencia con detectores de humo, gas y CO2, desarrollando indicadores de pasividad y explorando el ámbito del detector gps en la atención domiciliaria.

Fue Bismart, sin embargo, la encargada de cerrar el acto, con la presentación de sus dos proyectos específicos para la problemática planteada. Por un lado, una especie de altavoz pensado para el homecare de las personas mayores para ayudarles a gestionar su agenda. «Esto podría ser un asistente virtual con el que dialogar, pero, de momento, empecemos por lo básico: gestionar las visitas de familiares, médicos o trabajadores», explica Albert Isern. Por otro, termina el mismo, el Grand Management: una herramienta para plantear los presupuestos de forma preventiva y no reactiva, que mediante un eje económico y los algoritmos predictivos de Bismart, permite saber si se tendrá suficiente dinero para cada servicio, justificar de forma objetiva aumentos del presupuesto, predecir por colectivo y territorio las futuras necesidades de servicios sociales, etc. Lo que estamos haciendo, concluyó Isern, «es replicar la misma metodología que estamos aplicando en el mundo de la privada para identificar segmentos de mercado y perfiles profesionales según factores demográficos, geográficos y económicos». E insistió: «Así, el big data puede salvar vidas».

Noticia extraída de El Mundo. 21/06/2017

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