El desierto demográfico crece dentro de España
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09 Ago El desierto demográfico crece dentro de España

09/08/2017

La crisis demográfica provoca que 1.800 enclaves de Soria, Teruel, Cuenca o Guadalajara, con menos de 10 habitantes por kilómetro cuadrado, estén en un proceso de pérdida de población “irreversible”.

Si alguno de los 18 habitantes del pequeño pueblo de Alentisque, en el sur de Soria, se pone enfermo, tiene dos opciones. La primera es esperar a que el médico pase por su pueblo, ya que al ser tan pequeño no tiene la opción de contar con un centro de salud propio. Si la emergencia es más grave, tendrá que desplazarse una media de 30 minutos a alguno de los centros comarcales, como pueden ser Almazán, Berlanga del Duero o Arcos de Jalón. Pero si la enfermedad requiere una consulta especializada, tendrá que desplazarse hasta Soria, capital de provincia.

Ésta es la situación que se vive en la provincia de Soria, la más despoblada del territorio español. Con una población de 90.040 habitantes y una superficie de 10.306 kilómetros cuadrados, tiene una densidad de 8,7 habitantes por kilómetro cuadrado. La media de la Comunidad de Madrid se sitúa en 805,66 habitantes por kilómetro cuadrado mientras que la media nacional es de 92. La Unión Europea determina como “desierto demográfico” todas aquellas regiones escasamente pobladas, por debajo de 10 habitantes por kilómetro cuadrado, por lo que la provincia de Soria se encuentra por debajo de ese umbral. De 183 municipios que tiene esta provincia, 115 tienen menos de 101 habitantes censados y 48 entre 101 y 500 habitantes. Parecida situación se vive en Teruel, donde las cifras de población arrojan la suma de 9,7 habitantes por kilómetro cuadrado. Además, Teruel tiene un 91,9% de municipios con menos de 1.000 censados, añadiendo a este número una pérdida de población que la sitúa en el referido desierto demográfico español.

España, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) y de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), tiene 4.955 municipios con menos de mil habitantes censados, que se dividen en tres grupos según el grado de peligro de despoblación. Son 1.286 las localidades que subsisten con censos de menos de 100 empadronados. A esto hay que añadir 2.652 municipios con entre 101 y 500 habitantes, que en su mayoría siguen perdiendo población y que se asoman también a la peligrosa frontera de la despoblación.

Un informe del Centro de Estudios Demográficos de la Universidad Autónoma de Barcelona divide los espacios rurales en tres tipologías. La más extrema, constituida por 1.840 entidades locales, suponen espacios rurales que se encuentran en una dinámica de “pérdida de población irreversible, que pueden llegar a la extinción”. Estas entidades se caracterizan por contar con 110 habitantes de media, una población con un alto envejecimiento y con un 45% de su censo con más de 65 años. Además, la densidad media de estas comunidades se establece en 4,3 habitantes por kilómetro cuadrado. Existe un riesgo de desaparición alto para estas localidades en un futuro. El segundo tipo de entidades, según el estudio, lo conforman 1.622 poblaciones. Son los denominados “espacios rurales de emigración”, ya que los nacidos en estos pueblos residen en otros. Lo característico de este grupo es que su densidad es de 6,2 habitantes por kilómetro cuadrado, su tasa de crecimiento negativa y su media de 160 habitantes.

La superviviencia de estos dos grupos de entidades locales, que suman 3.462 poblaciones, se encuentra en entredicho. Sobre todo por su estructura demográfica, en la que se refleja cómo son poblaciones altamente envejecidas y con una baja natalidad. Su desaparición implicaría una pérdida sentimental bastante importante. Lo refleja claramente Julio Llamazares en La lluvia amarilla, donde destaca la tristeza que significa ser el último habitante de un pequeño pueblo del Pirineo aragonés. “La tristeza y el silencio se abatían como aludes sobre Ainielle”, en palabras de su protagonista. Ainielle es el símbolo por excelencia de localidad deshabitada y abandonada.

El problema de la despoblación no sólo conlleva un problema sentimental. Desde una visión económica, tener abierta una escuela para cuatro alumnos o que un médico se tenga que desplazar un día por semana a estas localidades, como suele ocurrir, supone unos costes altos. Este tema será uno de los aspectos claves en la reforma de la financiación autonómica y local que se va a empezar a negociar. En algunos pueblos se mantienen espacios naturales únicos que de otra forma no se podrían ver en el territorio español.

Para Juan Antonio Sánchez Quero, presidente de la Comisión de Despoblación de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), “el medio rural español está perdiendo habitantes a un alarmante ritmo medio de cinco menos cada hora. El problema es mucho más extenso, es un problema de Estado de primer orden”. Desde la propia Comisión para la Despoblación de la FEMP se han redactado una serie de medidas, que han elevado al Gobierno, para luchar contra la despoblación. Algunas de ellas se centran en la reforma del modelo de financiación para que se reajuste el criterio de reparto de forma que las entidades locales no se vean perjudicadas, o reducciones en el IRPF para las personas que vivan y trabajen en las comarcas marcadas por la despoblación.

 

 

Y no solamente afecta a la provincia de Soria, también “la propia provincia de Zaragoza se está despoblando de forma preocupante desde hace muchos años y la situación ha llegado a un punto crítico en comarcas como Daroca y Belchite”, añade Sánchez Quero.

“Los servicios básicos están muy bien, dan para vivir decentemente y es lo que tenemos al ser poblaciones pequeña”. Así habla Baltasar Yus, presidente de la comarca de Belchite y alcalde del pequeño pueblo de Plenas, con 105 habitantes. Como reconoce Rubén Serrano, director general de Adecobel, Grupo de Acción Local de Belchite, “los servicios públicos en esta comarca son los suficientes para vivir dignamente, aunque a veces hay cortes de luz y no tenemos wifi”. Esta comarca se encuentra a 40 minutos de Zaragoza.

En España existen 6.670 municipios rurales con una población total de 7.845.671 habitantes, lo que se traduce en una densidad de 18 habitantes por kilómetro cuadrado. Pero esta densidad de población, ya de por sí baja, se acrecienta cuando hablamos de los espacios rurales profundos, que llegan a tener una densidad menor a 10 habitantes por kilómetro cuadrado. A mediados del siglo XX, la densidad de población en la misma zona ascendía a entre 25 y 35 habitantes por kilómetro cuadrado.

Las políticas adoptadas por los gobiernos centrales y autonómicos “son simple retórica” como opina Luis Antonio Sáez, investigador del Centro de Estudios sobre Despoblación y Desarrollo de las Áreas Rurales (Ceddar). “Las comunidades autónomas utilizan el comodín de la despoblación cuando vienen nuevas partidas de financiación”. “Se aprueban muchas políticas con apoyo plenario de todos los grupos políticos, pero una vez que se inscriben en el BOE no se hace nada para implantarlas en el territorio”, dice.

Para el profesor Eduardo Moyano, del Instituto de Estudios Sociales Avanzados (IESA), “las estrategias integrales de desarrollo territorial pueden frenar el despoblamiento en algunos territorios a escala comarcal, pero nunca se pueden plantear como solución para frenar el vaciamiento de muchos municipios pequeños, que es algo inexorable”. Las perspectivas son pésimas, pero aun así las comunidades despobladas se aferran a todo aquello que implica una esperanza aunque sea mínima.

Algunas de estas esperanzas residen en el programa Leader y en los Grupos de Acción Local. El programa Leader consiste en ayudas económicas de la Unión Europea (UE) que buscan potenciar la mejora del empleo en las comunidades rurales. Según el informe del Gobierno de Aragón sobre el último programa Leader, se invirtieron 1.866,8 euros por habitante del medio rural. En este informe se recoge que durante la etapa 2007 a 2013 hubo creación de empleo en zonas despobladas, pero la falta de un mercado laboral estable en estas poblaciones y comunidades rurales hace imposible el mantenimiento de dicho empleo. “Tanto los Leader como los Planes de Desarrollo Regional contribuyen a paliar los efectos, pero no son suficientes para revertir la situación”, sentencia el profesor Molinero, de la Universidad de Valladolid.

Noticia extraída de Expansión. 06/08/2017

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