Intervención del Secretario General de UJP, Anatolio Díez, en el 7º Congreso FERPA, Budapest 9-11 de septiembre de 2015
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15 Sep Intervención del Secretario General de UJP, Anatolio Díez, en el 7º Congreso FERPA, Budapest 9-11 de septiembre de 2015

Buenos días compañeros/as

Quiero, en primer lugar, daros las gracias por la oportunidad de participar en el séptimo Congreso de la Federación Europea de Jubilados y Personas Mayores.

Y trasmitiros un saludo de los afiliados y de la Comisión Ejecutiva Estatal de la Unión de Jubilados y Pensionistas de la Unión General de Trabajadores de España.

Es en estos foros desde donde podemos alzar la voz y llegar a los despachos de los Gobiernos de la vieja Europa.

Una Europa que, desgraciadamente, no está a la altura de las circunstancias y que cada día se muestra más insensible a las demandas de los colectivos que precisan de una mayor atención y solidaridad.

La Unión de Jubilados y Pensionistas de la Unión General de Trabajadores de España, es una organización profundamente europeísta.

Creemos que los mecanismos de los que nos hemos dotado han contribuido a alcanzar las mayores cotas de prosperidad y estabilidad desde la Segunda Guerra Mundial.

La idea y, a la postre, la realidad de crear y sostener un Estado de Bienestar fuerte han sido uno de los grandes aciertos de la Unión Europea.

No solo propició un importante revulsivo económico, también contribuyó a una necesaria cohesión y paz social que, finalmente, se tradujo en una inédita estabilidad política y económica.

Pero la brutal crisis económica ha dinamitado los pilares básicos de la prosperidad y cohesión europea.

Ha sacado a relucir lo peor de la vieja Europa.

Ha traicionado sus pilares básicos e incluso humanos.

No es preciso que os recuerde el bochornoso espectáculo que Europa está dando para atajar la mayor crisis de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial.

Hemos vuelto a atrás y ahora levantamos fronteras, donde antes hubo libertad de tránsito.

Creo que, a estas alturas, todos estamos de acuerdo en que el ser humano nunca puede ser ilegal.

Tenemos ante nosotros una nueva batalla: la de devolver la dignidad a las personas que huyen de las guerras y la barbarie.

Europa tampoco ha estado a la altura de la circunstancias dejando la soberanía popular en manos de los mercados.

Recientemente, hemos visto como el destino de varios países ha quedado sentenciado por la troika europea y el Fondo Monetario Internacional.

Organismos voraces, que no han pasado por las urnas, y que están marcando la política de todos los países europeos.

Pasó en Grecia y otros países de la Unión, donde su futuro está absolutamente hipotecado a los pagos puntuales de su deuda pública, y está pasando también en España.

El rescate bancario asumido por España ha condicionado y condicionará el Estado de Bienestar.

Actualmente, en nuestro país más de cuatro millones, cerca de la mitad de los jubilados y pensionistas viven por debajo del umbral de la pobreza.

Las cuentas públicas españolas se han cuadrado atacando de pleno los pilares básicos del Estado de Bienestar.

Por primera vez en la historia se ha traicionado el consenso intocable sobre las pensiones, firmado durante los primeros años de la Transición Española.

Nuestras pensiones han sido congeladas y, en algunos casos, rebajadas.

La hucha común de las pensiones está siendo utilizada por el Gobierno del PP de Mariano Rajoy para hacer frente a pagos puntuales y perentorios que no puede hacer frente de otra manera.

El dinero, como todos sabemos, es prioritario para pagar a los bancos y la ingente deuda pública, generada por políticas irresponsables y en el caso de España, por el despilfarro de políticos que no han sabido estar a la altura.

Ya hay algunas voces, incluida la del representante del Banco de España, que insiste en la necesidad de suscribir fondos de pensiones privados para complementar las retribuciones públicas.

Desgraciadamente volvemos al negocio puro y duro, a políticas ultra capitalistas en las que siempre ganan los mismos.

Nos sugieren hacer un nuevo esfuerzo en un contexto marcado por la reforma laboral, impulsada por el PP y caracterizada por la precarización del trabajo.

La estabilidad en el empleo ya es un espejismo en España.

Convivimos con una tasa de desempleo insoportable y los nuevos puestos de trabajo no garantizan, en muchos casos, la posibilidad de tener una vida digna.

Estamos cercenando el futuro de los jóvenes, formados en España y que malviven en el resto de los países europeos.

El paro juvenil (los que a la postre garantizarán nuestro Sistema Público de Pensiones) es insoportable en España.

Nuestra juventud se va desencantada y con una sólida formación a sobrevivir en trabajos para los que están sobre cualificados.

España es, actualmente, el país de la Unión Europea donde más han aumentado los índices de desigualdad.

Pero esto no es así, porque sí.

La crisis económica ha sido la coartada perfecta para volver a estructuras que creíamos superadas.

Nos están negando el derecho a la educación, con tasas universitarias prohibitivas y becas cada vez más inaccesibles.

Nos quieren, además, imponer una Ley educativa impregnada de unos tintes ideológicos insoportables.

La Ley de Dependencia, impulsada por el Gobierno socialista de José Luís Rodríguez Zapatero, supuso para los jubilados y pensionistas españoles una oportunidad para pasar los últimos años de nuestras vidas con la garantía de unos cuidados razonables, independientemente del poder adquisitivo de cada uno.

Abrió las puertas, además, a unos nichos de empleo fundamentales en una sociedad tan envejecida como la nuestra.

Hablo en pasado de la Ley de Dependencia porque al actual Gobierno de mi país no le interesa para nada.

Demoras insoportables para certificar el grado de dependencia, recursos insuficientes y discusiones constantes con las Comunidades Autónomas que tienen que aplicarla han colapsado una Ley progresista y digna.

Las alternativas para los mayores españoles son cada vez más reducidas.

Las insuficientes residencias públicas no son capaces de ofertar el número de plazas necesarias para atajar la creciente demanda.

Se está dando, además, la paradoja de que las personas que antes estaban en residencias ahora vuelven a casa de sus familiares, puesto que su pensión está sirviendo para paliar las necesidades de hijos y nietos que están al paro.

Nos hemos convertido en el sustento de la economía familiar y estamos llegando donde el Estado ha dejado de actuar.

La sanidad pública española, universal y de calidad, ha sido un ejemplo en el mundo.

Nos dotamos de un sistema solidario.

Hubo consenso en que la salud estaba por encima del poder adquisitivo.

Ahora asistimos, con estupor, a una constante reducción de los servicios, a intentos constantes de privatizar hospitales que hemos pagado entre todos.

La vocación privatizadora y de negocio del actual Gobierno de España desprestigia los servicios públicos para justificar la necesidad de venderlos al mejor postor.

Ya ha conseguido que paguemos los medicamentos dos veces y no pararán hasta que la sanidad sea un lujo.

Creo que todos los que estamos aquí compartimos la necesidad de contribuir al cambio de políticas europeas.

La brecha que se ha abierto entre los países del norte y del sur europeo sólo puede conducir a destruir la idea de unidad.

Formar parte de una estructura supranacional que se está olvidando de las personas, que está restando capacidad de maniobra a los Estados y que abunda en la desigualdad social, generará más pronto que tarde, un sentimiento antieuropeo.

No podemos prescindir del concepto de Europa, pero si podemos exigir un cambio radical de las políticas que actualmente se están ejerciendo.

Tenemos que ser conscientes de que los peligros que nos acechan no provienen de nuestros socios europeos.

Necesitamos ser fuertes para atajar las crisis económicas internacionales y la amenaza constante del terrorismo.

Hemos de tener claro que Europa solo se puede sustentar fomentando la igualdad, la solidaridad y con estados de bienestar que, insisto, garanticen la convivencia social y la dignidad vital.

Hemos de recuperar mayores cotas de democracia, no consentir que nuestros votos no sirvan para nada y levantar la voz contra aquellos que no cumplan su palabra, en definitiva su programa electoral.

En estos momentos sobran las injerencias de los poderes fácticos a los que se les ha dado un poder absoluto sin consultar con nadie.

En España nos queda un largo camino por delante.

En unos meses volveremos a votar.

El escenario político, con la aparición de nuevas formaciones, nos abren la posibilidad de revertir las erráticas políticas de los últimos años.

Nosotros, los mayores, los sindicalistas veteranos sabemos afrontar los ataques que siempre vamos a sufrir.

Hemos de tener claro a la hora de planificar nuestras acciones, que el bienestar no está en venta.

Deberemos de recuperar términos que creíamos superados.

En España hemos vuelto a las clases sociales en su acepción más clásica, toda vez que buena parte de la clase media ha sido barrida por la ambición desmedida de los mercados con la complicidad de los Gobiernos y los malos políticos.

Compañeros/as, tenemos que dar la batalla y dejar claro que no vale todo.

Han sido demasiados años de lucha, de pelea contra la desigualdad, como para ahora seguir permitiendo políticas deshumanizadas donde solo vale el poder del dinero, del amiguismo y de la corrupción.

Entiendo que no es fácil (ya lo hemos visto en varios países), pero todos desde nuestras organizaciones hemos de tener claro que Europa no puede ser la máquina burocrática en la que se ha convertido, ni puede ser un ente ajeno, ni una organización vendida al capital.

Debe de ser una estructura fuerte, cohesionada y preocupada por sus gentes, las ricas y las pobres, pero sobre todo por las pobres.

Muchas gracias.

 

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