Las mentiras piadosas y las verdades incómodas sobre las pensiones
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08 Nov Las mentiras piadosas y las verdades incómodas sobre las pensiones

08/11/2017

Si las rentabilidades pasadas no garantizan retornos futuros en los instrumentos de ahorro e inversión, tal como figura a modo de advertencia en los folletos de comercialización de las gestoras de fondos de pensiones, las cotizaciones actuales a la Seguridad Social tampoco garantizan las prestaciones generosas de futuro. Pero a la manera de placebo social, de mentira piadosa, los administradores del sistema de pensiones mantienen machaconamente que el mecano y su porvenir está garantizado, que habrá pensiones para todos, aunque sigue hurtando a la ciudadanía que está a quince o veinte años vista del retiro la comunicación pública con la prestación proforma que devengaría con su cotización.

Honestidad cívica obliga a decir a los contribuyentes la verdad incómoda de que si no se hacen reformas muy severas en el sistema, con un endurecimiento más severo todavía de las aportaciones, no son financiables las cuantías actuales de prestación. El laberinto demográfico en el que está metida la sociedad española deja pocas salidas que no pasen por sacrificios dolorosos para mantener uno de los pilares de la redistribución de renta y estabilizador social en que se ha convertido la Seguridad Social en las últimas décadas.

El retorno que proporciona la caja de la Seguridad Social al pensionista es del 74% de su último sueldo con carácter general, y en una proporción descendente a medida que la remuneración como activo sube en la escala. Se trata de uno de los mayores niveles de retorno del mundo y todo él cae sobre las espaldas del sistema público, algo que no comparte con ningún otro país de dimensiones equiparables. Dado el envejecimiento esperado de la población, acompañado con una caída en el volumen de moradores, se hace muy complicado financiar tales retornos de renta para los pasivos, salvo que las aportaciones, las cotizaciones, suban de forma muy fuerte. Hay que tener en cuenta que el déficit del sistema ya supera los 15.000 millones y no lo solventará ni el pleno empleo. Estadística prevé que la población ha llegado ya a sus máximos, con descensos de dos millones de habitantes en las tres próximas décadas, y prevé también que la esperanza de vida llegue en el mismo periodo a los 85 años entre los hombres y a los 90 entre las señoras.

Es una noticia fantástica, puesto que muchos de nosotros llegaremos a los cien años; pero esta especie de suerte individual es un problema colectivo de primera magnitud que hay que resolver pronto y tocando varias teclas del piano económico y financiero del país, puesto que nuestra propia vida desbordará en muchos casos nuestra capacidad de ahorro. Primero habrá que decirle al personal, con mucho cuidado para que se alarmen pero solo lo justo, que habrá que pagar más para cobrar incluso menos; habrá que decírselo a los asalariados y autónomos, puesto que las cuotas empresariales son un impuesto al empleo que un país con cuatro millones de parados no se puede permitir endurecer.

Noticia extraída de Cinco Días. 07/11/2017

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