Miles de pensionistas se movilizan para evitar otro "Guernica" en sus pensiones
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20 Mar Miles de pensionistas se movilizan para evitar otro “Guernica” en sus pensiones

20/03/2018

Las paredes transparentes de los ascensores del Museo Reina Sofía permiten contemplar la calle. Abajo hay una multitud de gente parapetada detrás de paraguas y pancartas. El elevador asciende en silencio hasta la segunda planta. Allí reposa desde hace años el Guernica, de Pablo Picasso. Una vez situados frente al histórico mural, vemos el reflejo de otras calles lejanas, y a la vez tan cercanas, a través de la mirada devastadora de una guerra.

Aquel fue un regalo del pintor malagueño al pueblo español. Porque aquel cuadro que reclaman para sí políticos de diferente signo, es y será patrimonio de todos los españoles. Igual que las pensiones. Fue un encargo que debía convertirse en el estandarte del pabellón de la República para la Exposición de París, en 1937. En plena guerra civil, los artistas intentaban con su obra sintetizar los horrores de aquella contienda, pero también los anhelos de un pueblo herido de muerte.

Alguno de los varios miles de pensionistas que han tomado las calles de España para reclamar una pensión digna, en 1937 estaban ocupados en nacer o ya lo habían hecho bajo los bombardeos. Este 17 de marzo no había que guarecerse de las bombas que los Junker de la Legión Cóndor arrojaban sobre las poblaciones indefensas de las ciudades. Este sábado, la lluvia, el frío y la nieve eran el General Invierno al que los pensionistas han desafiado, manifestándose en toda España por unas pensiones dignas. Parece como si los lejanos padecimientos, insertos en el ADN de la memoria de estos hombres y mujeres, les aportase un gen extra de resistencia como hace 81 años.  Y 81 años tienen muchos de estos jubilados a los que el Gobierno del PP quiere empobrecer “con un factor de sostenibilidad que irá mermando su pensión cada cuatro años de manera acumulativa, creando a medida que se hagan más mayores un auténtico ejercito de ancianos cada vez más pobres” aseguraba Anatolio Díez, secretario general de la UJP-UGT, cuando la marcha ya inundaba la plaza del Museo Reina Sofía.

Madrid

Madrid

 

¿Cuál es el secreto de la pátina única que recubre su escultura, maestro? Quien preguntaba era un periodista francés presente en aquel pabellón español de 1937. Quien hacía los honores era Pablo Picasso, que acababa de presentarle “al escultor más importante de nuestro tiempo”. Y éste era Alberto Sánchez, humilde hijo de panadero, aferrado con sus manos a la tierra y convertido a sí mismo en un artista de vanguardia. Alberto, al fin le confesó cuál era el secreto del esmaltado de su escultura, que había sido situada en el exterior del pabellón donde se expuso el Guernica en aquella exposición de París. “La recubro con estiércol, simplemente con excrementos de ovejas”. Parece como si una escultura con tan especial barniz traspasase el túnel del tiempo para hermanarse con las multitudes que en estos días grises lucen en la solapa un lazo marrón “que simboliza la subida de mierda del 0´25 que desde 2013 nos ha impuesto el Gobierno del PP. Una limosna que no estamos dispuestos a consentir. Por eso vamos a seguir en las calles” vuelve a recordar Anatolio Díez.

Aquella escultura de Alberto llevaba por título El pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella. Los miles de pensionistas que se apelotonaban este 17 de marzo en la plaza del Reina Sofía, abrazaban sin saberlo la obra del escultor toledano que acompañó al Guernica en tiempos de la guerra civil. Una reproducción exacta de dicha escultura preside hoy la plaza en la que concluyó la manifestación por unas pensiones dignas que había partido a las 11 de la mañana de la Puerta del Sol. Una más del centenar de movilizaciones que tuvieron lugar a lo largo del día en toda España.

Los pensionistas desafiaban una vez más al mal tiempo, después del jarro de agua fría que supuso la intervención de Mariano Rajoy en el Congreso, durante el pleno de las pensiones celebrado este 14 de marzo. Tampoco invitaba al optimismo la incapacidad de la oposición para poner en marcha el mecanismo adecuado que obligara al Gobierno a rectificar.

En estos tiempos de información a la carta, las fotos y grabaciones de móvil viajan a la velocidad de un clic dactilar. Las redes sociales han acortado tanto las distancias, que las noticias tienen fecha de caducidad casi al instante de ser publicadas. Este 17 de marzo con las calles de media España tomadas por los pensionistas, no fue una excepción. Por ejemplo, El confidencial pasó de certificar el fracaso político del Gobierno en la víspera (“Rajoy fracasa al calmar a los pensionistas: cientos de miles de jubilados toman la calle”) para terminar apelando al carácter heroico de los pensionistas (“Los jubilados desafían a la nieve: Nosotros levantamos este país. Nos lo deben”)

Las primeras páginas de la mayoría de las versiones digitales de los diarios (El Mundo, Público, madridiario, ABC) trataban de agitar una coctelera donde había pensionistas, en grupos de a mil, desafiando los designios del dios de la lluvia, que si nadie lo explica podría haber sido invocada por la danza de algún miembro del Gobierno. Y todo ello aderezado con la lucha por unas pensiones dignas. Hay quien prefiere no empatizar tanto, como en el caso de El País y la Cadena Ser, que hablan de “reclamar mejores pensiones”. Algún viejo manual para reporteros habla de huir de los lugares comunes de la información, de transmitir una idea clara de lo que sucede, pero dando paso a algo inesperado. La lluvia que inunda los titulares de los diarios y las crónicas de radios y televisiones no parece ser ese giro que haga cuestionar el estado de las cosas. Mientras las marchas, al paso lento pero firme de los jubilados, continúan por las principales ciudades españolas.

La manifestación de Madrid transcurre ahora por la Plaza de Antón Martín. Al pasar junto a la placa que recuerda la matanza los abogados laboralistas en 1977, en los albores de la democracia, muchos recuerdan que entonces salieron también a la calle para asistir a su multitudinario funeral. Los móviles siguen escupiendo noticias. Por fin un titular que despereza el relato monocorde de la realidad. “Los jubilados toman Sevilla: más gente que en la Madrugá” (elplural.com). Es decir, la protesta por las pensiones está siendo como mínimo tan multitudinaria como la Semana Santa en Sevilla. Sobran más epítetos, incluso las fotos. 70.000 personas salieron a la calle en la capital hispalense. A las que hay que añadir 30.000 en Málaga, 12.000 en Córdoba, 20.000 en Granada, y 4.000 en Cádiz. Para Antonio del Moral, secretario general de la UJP-UGT en Andalucía, el gesto de la jornada tuvo lugar en Huelva. En la cabecera de la manifestación que congregó a 7.000 personas, la lluvia y el viento rompieron la pancarta. “Los miembros de la UJP-UGT tenían una del 1 de mayo con nuestras siglas. Para no hacer de menos a nuestros compañeros de CCOO decidimos continuar la marcha cogidos de la mano”.

 

Este abrazo que relata Antonio del Moral desde el sur también es un abrazo hecho bronce en la Plaza de Antón Martín de Madrid. “El abrazo” de Genovés, uno de los cuadros históricos de la transición, adquiere corporeidad en este punto donde tuvo lugar la matanza de Atocha. La riada de manifestantes rumbo al Reina Sofía, pasa a su lado en una reivindicación necesitada de gestos simbólicos.

La UJP-UGT llevaba semanas intentando que las diferentes movilizaciones, convocadas en cada punto de España, confluyeran en una sola. Finalmente alcanzó un acuerdo con 6.500 asociaciones, redactando un manifiesto conjunto cuyos firmantes representaban a casi 5 millones de asociados. Dicho acuerdo, el que reúne a un mayor número de entidades, no ha logrado sin embargo evitar que en muchas ciudades los pensionistas se manifestaran en varios puntos y en horas diferentes.

Así ocurrió en Madrid y otros puntos de España, aunque la UJP-UGT ha estado detrás de las manifestaciones más numerosas. En Gijón salieron a la calle 10.000 personas. Las mismas que en Valladolid; 4.000 en Puertollano; 15.000 en Logroño; 4.500 en Zamora o 20.000 en Pamplona donde finalmente el lazo marrón cuelga en la fachada de la sede del Parlamento foral.

 

Desde cualquier lugar de España llegaban noticias a los grupos de whatsapp, a los móviles de los que se manifestaban en Madrid. Los compañeros de las la UJP-UGT en ciudades grandes y pequeñas, también querían hacer oír su voz en defensa de las pensiones. La lista es larga y todos merecen figurar en ella: Alcañiz, Figueras, Cáceres, Burgos, Jaén, Almería, Mallorca, Barcelona, Tarragona, Lleida, Andorra, Barbastro, Zaragoza, Sabiñánigo, Monzón, Canarias, Castellón, Santander, Vitoria, Santiago, Las Palmas, Murcia, Lugo, Ourense, El Ferrol, León, Tenerife, Segovia, Vigo, Salamanca… Y así hasta completar un centenar de ciudades.

 

El punto y final de la manifestación de Madrid, tenía lugar frente a la última morada del Guernica. Como si pareciese que los jubilados quisieran con su lucha, impedir otro nuevo bombardeo a sus pensiones. Guernica está a 36 kilómetros de Bilbao, escenario por la tarde de otra manifestación multitudinaria que reunió a miles de pensionistas clamando por la dimisión de Mariano Rajoy.  El secretario general de la UJP-UGT en Euskadi, Santiago Pocero, dio lectura al manifiesto final: “Estamos hartos de que nos mientan, de que nos impongan recortes de pensiones y reformas laborales dirigidas a reducir salarios, a llevar a los jóvenes a la precariedad laboral y a futuras pensiones míseras, mientras la banca y las grandes corporaciones multiplican escandalosamente sus beneficios y pretenden hacer negocio mediante planes privados de pensiones”. Las 115.000 personas congregadas en Bilbao ponían el lazo marrón a una jornada áspera por el mal tiempo, pero que volvía a demostrar que los pensionistas son un activo de este país y un ejemplo a seguir por las nuevas generaciones.

Bilbao

Bilbao

 

En Madrid, cuando ya apenas quedaba gente en la plaza del Reina Sofía, la escultura de Alberto Sánchez volvía a lucir solitaria y a pasar desapercibida para la mayoría de los transeúntes. Pero tras la marcha de los pensionistas tal vez convenga recordar al propio escultor, cuando decía que su obra “estaba surcada por las pisadas de los caminantes solitarios y por los caminos cubiertos de grandes piedras labradas por el tiempo”.

 

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