Otra forma de envejecer: jubilados que practican deportes de riesgo
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José Manuel Gutiérrez Mecolay, a sus 75 años - MEIKE REIJERMAN

14 Mar Otra forma de envejecer: jubilados que practican deportes de riesgo

14/03/2017

«Estoy enganchado al surf. Deslizarse sobre la ola, controlarla, volar y, después, dejarla. Es un sentimiento maravilloso». Habla José Manuel Gutiérrez Mecolay. Tiene 75 años y es uno de los surferos en activo más veteranos de España. Meco -como prefiere que le llamen- surfeó por primera vez en 1965. Tenía 24 años y no ha parado de hacerlo desde entonces. Además de ser uno de los primeros surferos de España, a Meco le gustaba estar detrás de la cámara, lo que en los años 60 le permitió capturar algunas de las imágenes del surf español que han llegado hasta nuestros días.

Cuando surfeó por primera vez, las tablas no se vendían en España y los trajes eran los mismos que usaban para la pesca submarina. Desde entonces le ha dedicado prácticamente su vida al mar, sobre todo después de su jubilación. Meco recuerda el día siguiente a dejar su trabajo como uno de los más felices de su vida, ya que pudo convertir su hobby en su actividad principal.

Como Meco, cada vez hay más personas mayores que, desafiando el peso la edad, practican deportes de riesgo o se adentran en todo tipo aventuras con las que ganarle la partida al tiempo y llegar a octogenarios en un impecable estado de salud. España es uno de los países más envejecidos del mundo con un 18,4% de personas mayores de 65 años. Si continúa así, en 2061 habrá más de 16 millones de personas mayores, casi un 39% del total de la población.

La edad de jubilación, los 65 años, es tomada como medida del nivel de envejecimiento. Pero los progresos en alimentación y medicina han traído mejoras en la calidad de vida que no se tienen en cuenta en esta forma de medir, de forma que los adultos que en la actualidad pasan de los 60 años no llegan igual que aquellos que lo hacían hace décadas.

Meco, que fue campeón regional en 1978 y 1992 y subcampeón de España en 1972, cuenta que el surf ha cambiado mucho desde la primera vez que practicó este deporte con su traje de pesca y una tabla de madera pintada por él mismo. También él cambiado. Sus facultades no son las mismas que antes, aunque a pesar de algunas dolencias puntuales, su estado físico es excelente. «No tengo ninguna lesión en las ganas de seguir surfeando», afirma.

Montserrat Mechó, con 83 años, en paracaídas

 

Mientras Meco surfea por el mar, Montserrat Mechó lo hace por el aire. Tiene 83 años y 936 saltos en paracaídas a sus espaldas. Lo hizo la primera vez en los 80, cuando tenía 49 años, aunque hasta esa edad no había parado quieta. Comenzó a hacer ballet de pequeña y continuó más tarde con natación. Lo que empezó como un hobby la llevó a ser campeona de España gracias a sus saltos de palanca en 1951. Tras ver a una paracaidista en un torneo, le entraron ganas de probar. Su hijo, con el que compartía su pasión por el deporte, fue quien la animó a saltar por primera vez.

Se especializó en el freestyle, una disciplina del paracaidismo que incluye movimientos de gimnasia acrobática. En el año 96, con 60 años, Montse se presentó a un mundial de freestyle en Ampuria Brava y, para sorpresa de los espectadores, quedó por delante de muchas jóvenes de 20 años contra las que competía. Después de eso le siguieron los mundiales de Arizona, Turquía, Sevilla…

Derrocha energía y positivismo. Sin embargo, su vida no ha sido fácil. Uno de sus hijos, el mismo que la animó y acompañó en su primera vez en el aire, falleció hace 31 años mientras realizaba pesca submarina. «Cada salto se lo dedico a mi hijo que está ahí arriba. Échame una manita que aún estoy por aquí», cuenta.

Físicamente se encuentra muy bien, aunque tuvo un accidente de coche hace años en el que sufrió una fractura de cadera que le dejó con una cojera y le obligó a pasar por el quirófano años después.

El paracaidismo le ha ayudado a superar todas las adversidades de su vida: la pérdida de su hijo, el hecho de que su cuerpo no es el de antes y de que sobrevive a duras penas con una pensión no contributiva. «A los saltos suelen invitarme».

Montse continúa saltando con la misma emoción que la primera vez. «Sigo sonriendo mientras caigo, como me dijeron que hacía en el primer salto. Siento una gran libertad ahí arriba».

La abuela mochilera, Cándida García

 

Como Montse, Cándida (prefiere ser llamada Kandy) ha sido muy activa desde joven. Por eso su hijo no se extrañó cuando, al cumplir los 65 años, después de muchos años ejerciendo como abogada, cambió la toga por la mochila y cumplió su sueño de dar la vuelta al mundo. «Hace tiempo que descubrí que los humanos también tenemos alas y quise probarlo». Parece que le gustó porque, con 81 años, sigue de mochilera.

Ha visitado prácticamente todo el mundo, incluso ha tenido tiempo de repetir destino. «He estado en la India 13 veces. Ya es como mi casa». Su último viaje fue a Birmania el pasado noviembre y le gustó tanto que en enero repitió.

Esta abuelita mochilera, nombre del blog donde cuenta sus viajes, ha asimilado lecciones que, a sus 81 años, aún no había tenido oportunidad de conocer. «He aprendido que la mitad de las cosas a las que nos aferramos día a día, no son más que eso, cosas superfluas de las que podemos prescindir. He aprendido a vivir sin un reloj que marque cuándo y dónde debo estar. También que el ser humano tiene mucha más bondad de la que yo siempre creí y que la juventud de la que se suele decir que está perdida no lo está en absoluto», afirma.

Aunque lo pueda parecer, no está hecha de otra pasta. Goza de buena salud y eso le permite seguir viajando con su mochila al hombro como única compañía. Pero, como todos, sufre dolores en algunas partes de su cuerpo. «¿Y sabes qué hago entonces? No prestar atención a esos dolores. Y creo que ellos entienden el mal recibimiento que les doy, porque se marchan a ocupar nuevos individuos donde quizá serán mejor recibidos».

Esta peculiar viajera llama la atención en todos los países que visita. Cuando se aloja en hostales, ocupados por jóvenes principalmente, siente que vuelven la cabeza para mirarla. «Creo que pensarán: ‘¿Qué hace esta viejecita aquí a su edad?’». Es entonces cuando se acerca a ellos y les cuenta su historia. Les cuenta que a los 65 años dio la vuelta al mundo sola y que a los 81 años sigue disfrutando de muchas aventuras. «Y entonces todos me rodean pidiéndome consejos para sus próximos viajes».

Noticia extraída de El Mundo. 13/03/2017

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